A Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, le gusta pensar que estamos ante el amanecer de una nueva era.
Hace apenas una década, la Inteligencia Artificial (IA) parecía una promesa distante. En la actualidad, según la revista The Economist, esa promesa se ha transformado en una bomba económica a punto de detonar.
El artículo, que ha sacudido a los mercados y a los gobiernos por igual, sostiene que la IA no solo cambiará la forma en que trabajamos, sino la estructura misma de la economía mundial. Y no en 50 años, sino en apenas dos o tres.
El ascenso que nadie vio venir
En 2015, pocos habrían apostado que un algoritmo podría superar a los mejores matemáticos humanos.
Pero este año, los modelos de lenguaje de OpenAI y Google DeepMind lograron algo que parecía ciencia ficción, ganaron la Olimpiada Internacional de Matemáticas, un logro que los expertos habían proyectado que ocurriría hasta 2041. Llegó 18 años antes de lo previsto.
El mundo tecnológico se mueve a una velocidad que desafía cualquier pronóstico.
Las empresas de Silicon Valley y Pekín compiten ahora en una carrera de proporciones históricas, el país que logre dominar la IA podría dominar la economía del siglo XXI.
La rivalidad entre Estados Unidos y China ha pasado de los microchips al terreno del pensamiento automatizado. El ganador —dicen los analistas— “se lo llevará todo”.
El punto de inflexión
The Economist proyecta que para 2027 será posible entrenar un modelo de IA con mil veces la potencia computacional usada para crear GPT-4, el motor detrás del chatbot más popular del planeta en la actualidad.
Y a diferencia de la Revolución Industrial, esta nueva ola no depende de la población, ni del trabajo humano.
La historia económica ofrece un espejo poderoso, antes del año 1700, la economía mundial crecía un 8% por siglo. Luego llegó la máquina de vapor, y el crecimiento se disparó a un 350% anual durante tres siglos. Fue una explosión.
La Inteligencia Artificial, sin embargo, no está sujeta a límites biológicos. No duerme, no envejece, y —como ya comienza a suceder— puede mejorar sus propios algoritmos.

La promesa de la Superinteligencia
Según el propio Altman, la IA pronto será capaz de generar conocimientos nuevos sin intervención humana. De hecho, algunos modelos ya programan versiones mejoradas de sí mismos. Para 2028, aseguran los expertos, podrían supervisar su propio desarrollo.
El escenario que pinta The Economist parece sacado de un ensayo de ciencia ficción donde una “segunda explosión de crecimiento económico”, hace que las máquinas produzcan conocimiento, innovación y riqueza a una velocidad sin precedentes.
Los cálculos más optimistas hablan de un crecimiento económico global del 30% anual.
Una barbaridad, sí, pero también una advertencia
Porque en esta nueva carrera, quien no invierta, quedará atrás. Si todo sale bien, estamos frente a la mayor creación de riqueza de la historia moderna. Si no, podríamos estar presenciando el nacimiento de una economía donde la brecha entre quienes dominan la tecnología y quienes dependen de ella sea simplemente… infinita.


